
I
Estoy merodeando en tierra oscura,
Exhalando mí ultimo hálito,
Voy con prisa.
Nada queda...
Mis pies congelados piden tregua
Mi alma desolada se funde con el ruido del pantano
El dios del estomago se queja
La tibia brisa me mantiene en calma.
Mis harapos se desprenden de mí,
Como restos de mi carne,
El silencio de mis compañeros espectros
Descifra la maraña de centinelas.
Debo tomar el lugar de las aguas
Y correr con dirección al mar,
Más halla, en la profundidad,
Todos mueren junto a mí.
Javier Díaz G.

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